MALOS HÁBITOS DENTALES INFANTILES

De entre los malos hábitos dentales infantiles, la higiene bucodental deficiente es uno de los más comunes y de consecuencias más negativas para los peques. El 90% de las caries que tendrá el niño en su vida se producirán entre los 6 y los 16 años. Los dientes permanentes recién erupcionados son muy vulnerables a la caries y poco a poco van haciéndose más resistentes.

Todas las MEDIDAS son pocas:

1. PASTA DE DIENTES FLUORADA
  • Niños menores de 6 años: Concentración de ion flúor 400-500 ppm. La cantidad aproximada a poner en el cepillo debe ser menor que un grano de arroz.
  • Niños mayores de 6 años: Concentración de ion flúor 1000 ppm. La cantidad aproximada será del tamaño de medio guisante.

El cepillado más importante es el de antes de ir a dormir. Aunque su hijo sea muy colaborador y hábil, el cepillado de la noche debe ser realizado por un adulto hasta los 8 años. Antes, no suelen tener destreza manual suficiente para hacerlo adecuadamente. A partir de esta edad, hay que enseñar al niño la técnica correcta y esta será sin duda la mejor inversión que harán en la salud dental de su hijo. Es aconsejable realizar una limpieza profesional y sesión de información, educación y autoevaluación de la higiene bucodental una vez al año, como refuerzo y adquisición de buenos hábitos. Los niños aprenden por imitación, pero nuestra experiencia nos ha demostrado que la gran mayoría de los adultos no tienen una técnica de cepillado correcta.

Es necesario incorporar la utilización de la seda dental en los niños en cuanto los espacios entre los molares empiezan a cerrarse. La anatomía de los dientes de leche es distinta de la de los dientes definitivos: presentan una cámara pulpar mucho más grande y las caries llegan enseguida al nervio.

2. ENJUAGUES DIARIOS CON COLUTORIOS DE FLUOR
  1. A partir de la erupción de la primera muela de los 6 años (fluoruro sódico al 0.05 %).
  2.  Este preparado debe utilizarse tras el cepillado de la noche, enjuagándose durante 1 minuto y procurando no tragarlo. Después no comerá ni beberá nada.
3. REVISIONES PERIÓDICAS CON EL ODONTOPEDIATRA CADA 6 MESES

La primera revisión con el odontopediatra deberá realizarse como muy tarde a los 2 años, cuando todos o la mayoría de sus dientes de leche ya han erupcionado. En esa primera toma de contacto, el odontopediatra valorará la salud bucondental de los peques, y comenzará a concienciarles de la importancia de la misma. La visita al odontopediatra debe convertirse en un hábito a realizar cada 6 meses.

Es fundamental también tener una primera revisión con el ortodoncista a los 7 años. Hay que valorar tanto las caries como el crecimiento de sus maxilares y cambio correcto de dientes. La falta de espacio o la perdida prematura de alguna pieza dentaria pasa desapercibida muchas veces y puede ser causa de apiñamientos muy graves en el futuro. Con mantenedores de espacio, aparatos de expansión de los maxilares, eliminación de hábitos, etc, podemos prevenir muchas maloclusiones e incluso evitar tener que hacer extracciones de dientes definitivos en el futuro.

En esta revisión también se realizarán:

  •  Aplicaciones de gel fluorado. Se realiza mediante cubetas en consulta y cada 6 meses. Independientemente del enjuague diario de fluor nocturno.
  • Colocación de Selladores de Fisuras en los molares permanentes.
  •  Realización de radiografías (con mínima radiación) cuando se considere oportuno.
4. GOLOSINAS Y ALIMENTACIÓN

Sería conveniente disminuir la frecuencia de consumo de golosinas, bollos, bebidas envasadas, etc.

RESPIRACIÓN ORAL

La respiración oral o bucal consiste en la entrada de aire por la boca de forma habitual y constante, es decir, no existe la respiración nasal normal. Esta alteración se puede deber a un simple hábito, o a la presencia de obstáculos en las vías respiratorias que dificultan el correcto paso de aire a través de las fosas nasales y vías respiratorias altas.

La respiración oral condiciona un mal funcionamiento de la zona bucofacial, de modo que pueden producirse algunas consecuencias nocivas:

  • Paladar estrecho.
  • Mordida cruzada posterior.
  • Alteraciones en el crecimiento mandibular.
  • Cara larga.
  • Excesiva prominencia de incisivos superiores.
  • Alteraciones gingivales.

Detectar estos problemas de forma temprana llevará a un tratamiento cómodo, más económico y mejores resultados.

DEGLUCIÓN ATÍPICA

La deglución anómala o atípica consiste en la conservación de los patrones de deglución infantiles más allá de los 2 ó 3 años de edad, de ahí que también se llame “deglución infantil”. Este hábito de deglución implica un mal funcionamiento de la lengua o de los labios en el momento de tragar.

Durante el crecimiento, la lengua actúa como un aparato de ortodoncia. Cuando tragamos de forma correcta, la lengua ejerce una presión negativa sobre el paladar, como el efecto de una ventosa. Esta presión hace que mientras el niño esté en crecimiento se vaya ensanchando el paladar.  Si la lengua, en lugar de presionar contra el paladar al tragar, lo hace empujando los dientes, generará alguna de las siguientes maloclusiones: compresión del maxilar superior por falta de expansión,  mordida abierta, mordida cruzada o dientes hacia afuera.

CHUPARSE EL DEDO ¿POR QUÉ ES TAN MALO CHUPARSE EL DEDO?

La presión continuada del dedo en la parte superior de la boca deforma la arcada dentaria superior. Si el hábito se abandona pronto, lo normal es que, con el crecimiento, el paladar recupere su forma original de manera espontánea. Si el niño sigue chupándose el dedo pasados los cuatro años, tiene más posibilidades de necesitar ortodoncia en el futuro. Con el chupete también se ejerce una presión continua en el paladar superior, produciendo los mismos resultados. No obstante, hay chupetes anatómicos que pueden minimizar los efectos.

Si tienes más dudas consulta con nuestro odontopediatra que se encargará de hacer una revisión completa y ayudarte a mejorar la higiene bucodental de tu bebé o niño.

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